Poesía viajera. El Huizachtépetl

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Amanece. El sol aún no despunta, pero una claridad rosada va invadiendo el horizonte. Un hombre y una mujer milenarios perfilan sus siluetas y te hablan de otros tiempos. La Mujer Blanca y el Cerro que Humea, Iztaccíhuatl y Popocatépetl cuentan su historia de amor.

La ciudad no ha dormido. El trasegar de autos y voces que despiertan se va perdiendo en tu conciencia y da paso a la memoria del Huizachtépetl: el Gran Lago, el viento, sonido de tambores y caracolas en rituales del Fuego Nuevo. Los instantes se detienen y, por un momento, estás ahí.  Todo el fuego en el Valle del Anáhuac  se ha extinguido. Cincuenta y dos años han pasado y es tiempo de la Creación.  Hombres sagrados piden anuencia, solicitan la venia de los Dioses para seguir siendo la raza humana.

En el valle hay desasosiego. ¿Seremos dignos de nuevo tiempo?

El Fuego se enciende y viaja la buena nueva:  el Quinto Sol ha nacido.

En la cima del Cerro de la Estrella, todo ha sido ensoñación.

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