Poesía viajera. El Huizachtépetl

Amanece. El sol aún no despunta, pero una claridad rosada va invadiendo el horizonte. Un hombre y una mujer milenarios perfilan sus siluetas y te hablan de otros tiempos. La Mujer Blanca y el Cerro que Humea, Iztaccíhuatl y Popocatépetl cuentan su historia de amor.

La ciudad no ha dormido. El trasegar de autos y voces que despiertan se va perdiendo en tu conciencia y da paso a la memoria del Huizachtépetl: el Gran Lago, el viento, sonido de tambores y caracolas en rituales del Fuego Nuevo. Los instantes se detienen y, por un momento, estás ahí.  Todo el fuego en el Valle del Anáhuac  se ha extinguido. Cincuenta y dos años han pasado y es tiempo de la Creación.  Hombres sagrados piden anuencia, solicitan la venia de los Dioses para seguir siendo la raza humana.

En el valle hay desasosiego. ¿Seremos dignos de nuevo tiempo?

El Fuego se enciende y viaja la buena nueva:  el Quinto Sol ha nacido.

En la cima del Cerro de la Estrella, todo ha sido ensoñación.

A ambos lados del espejo

No sé cómo hablar contigo. Te pienso y mi llaga se abre. Recuerdo tus pequeñas manos de niña, tus miradas cuando tenías miedo. Creció tu cuerpo, te hiciste adulta, pero tus temores se quedaron a vivir contigo. Vas y vienes, veo tu lucha, tus ganas de ser, transcurres invisible entre tantas voces que te aturden. Reclamas, exiges, lloras, te dueles sola. Buscas, te buscas, hurgando entre abrazos de púas, besos baratos y tu existencia magullada. Tienes los ojos de fuego, el alma inflexible y los pasos de viento enfurecido, escupes palabras y golpeas con el dolor de tu corazón.

No he sabido cómo tejer nuestras vidas. Te has vuelto jirones en una madrugada fría. No escucho tu voz, la real, la nuestra, no veo los abrazos que nos dimos, las manos con que nos asimos, las lágrimas que lloramos juntas. No encuentro nada. Nos perdimos. Dos caminos oscuros y solitarios que anduvimos solas, buscándonos sin querer mirarnos. Y estabas ahí, sola, mi niña, urgiéndote por ser mujer.

Hija mía, somos mujeres de este tiempo, andando descalzas por pedregosos senderos, heredando la tiricia ancestral, queriendo sonreír. No te enseñé a gritar ni a levantar la cabeza. Yo también tuve miedo, huyendo de las mismas voces que te intoxican, con los mismos golpes en el espíritu, con el temblor de las piernas y el frío en el cuerpo.

Dame tu mano. No digas nada. Sólo deja un abrazo. Nosotras damos vida, pero antes tenemos que parir la nuestra. Iniciemos el camino juntas, que nuestra voz resuene tormenta, que nuestras palabras sean canto de estrellas luminosas, melodía que sane, miradas brillantes, ardiendo de vida y nuestros cuerpos –como templos sagrados- manantial de nuestros deseos. Soltémonos el pelo, cantemos, bailemos, andemos juntas sobre las brasas, con paso firme y glorioso, desafiemos al viento que nos golpea y soseguemos la agitación, susurremos la paz.

Ven y duerme. Descansa, mi niña. ¡Vive! Mira tu espejo. Eres Mujer raíz, Mujer de viento, Mujer de nube y espacio, Mujer árbol de brazos completos, Mujer de manos en cuenco,  Mujer que da de beber, Mujer que acuna su alma y canta al Universo, Mujer de sueños que no se quiebran, Mujer de voluntad propia, Mujer de cima, Mujer de aguas tranquilas, Mujer completa, Mujer de piel, Mujer de deseos y orgasmos, Mujer de vientre, Mujer de sabiduría, Mujer de tiempo, Mujer de mente, Mujer revolución, Mujer, eres Mujer.

De “Faros de esperanza. Antología internacional homenaje a las madres” (Rosado Fucsia, 2018)

Regálame cariño

REGÁLAME CARIÑO

Él me regalaba rosas
sin pensar en las espinas
maliciosas,
traicioneras,
que me pinchaban la vida.
Se olvidó de los te quiero
tan bellos del primer día,
los perdió,
se le murieron
entre flores con astillas.
A mí se me desgastó
el amor de tanto usarlo,
altruista,
generosa,
sin esperar nada a cambio.
Expiró aquella costumbre
que teníamos de amarnos,
se perdió por el camino
siempre cuajado de rosas
con espinas en el tallo.
Y el descuido nos llegó
hasta casi el infinito,
yo, derrochando mi amor
y él enviando al olvido
que yo también necesito
que me regalen cariño,
un mensaje,
un buenos días,
un quiero quedarme contigo.