EL LUGAR DE MIS PASEOS

Pasear, la panacea de muchos males, el encuentro con mi interior. Escenas que ves en el caminar mientras vas pensando. Hurgando en aquellos recuerdos que te hacen saltar a un pasado tan cercano y a la vez medio olvidado.
Pasear, mientras mis ideas se mueven al compás de mis pasos, saltando a mi imaginación, donde creo historias insólitas y que se asemejan tanto a la vida real que me avergüenza sean leídas.
Pasear, destreza de mis pasos por un camino de tropiezos, de tormentosos percances que nada tienen que ver con la caída final. Ese porrazo que involuntario es el último de un deambular por la vida.
Pasear, en el lugar escogido, dónde, donde tu existencia es una sonrisa perpetua. En el paraíso de tus sueños, donde por fin tus ilusiones van creando expectativas. Todas ellas con un sacrificio añadido, el de caminar y caminar, días y días sin rumbo fijo.
Pasear, desde el mar a las montañas, desde donde la humedad entumeció los huesos, hasta donde la rudeza de la tierra te ha dado la fuerza para continuar paseando.
Por y para qué, para cumplir emociones escondidas, ardores retenidos en un corazón sólido que endurecido por el penar se reblandece con la llegada de nuevas aventuras. De nuevos paseos, de nuevos itinerarios, de nuevos caminos, de otro pasear.

©Adelina GN

DISFRUTANDO DEL PLACER DE ESCRIBIR

Con el tremendo auge con el que han entrado en nuestras vidas las llamadas “redes sociales” Twitter, Facebook, Instagram, y otras miles. Quienes teníamos nuestro blog para mostrar a nuestros amigos y amigas, nuestras aficiones, nuestros descubrimientos o para dar a conocer a personas interesantes, que hayan destacado en cualquiera de las áreas del Conocimiento, Arte o La Literatura, nos hemos dejado envolver por la fuerza arrolladora de la ola y el marullo de la modernidad y hemos olvidado ya la paz que nos proporciona escribir en un blog. Con tranquilidad, cuidando la escritura como se merece y no al tum tum con prisa porque nuestros interlocutores esperan la lectura instantánea.
De esa forma tan alocada, no es posible disfrutar ni recrearnos en nuestras disertaciones literarias, cuidando tanto el fondo como la forma de la escritura.
Esta noche me ha apetecido volver a mi blog, a mi cuaderno de bitácora, a mi Marcando la Mar.
Y escribir pausadamente, disfrutando del placer que me da la escritura serena, sosegada, meditada.
Esta reflexión que me ha surgido así de pronto, me está llevando a profundizar más, en los cambios que va dando las distintas formas de hacer las cosas a lo largo de toda una vida, como en este caso mío, escribir
Yo recuerdo que empecé a escribir con pocos años de edad, sin ir al colegio, en casa, con papá, mamá y las tías.
Me sorprende las buenas maneras que, sobre todo mi madre, me inculcó en aquel momento en el comenzaba a realizar el aprendizaje de algo realmente importante: aprender a leer y escribir.
Cada mañana, después del desayuno, yo tenía que lavarme las manos muy bien, cambiarme ropa limpia, sentarme a la mesa con la espalda recta y los brazos apoyados correctamente y entonces hacía avanzar el lápiz con suavidad sobre el papel dándole forma al contorno de las letras.
A estas alturas de mi vida, vengo a darme cuenta del gran acierto de mi madre al darle solemnidad al hecho de aprender a escribir. Ese momento quedó grabado en mi mente como algo mágico, despertaron mis sentidos, el tacto suave del papel y el lápiz, la goma de borrar, el sentido del olfato al afilar el lápiz. Fue todo un acontecimiento.
Después cuando fui a la escuela, usé la tinta y el plumín, las tizas y el pizarrín para escribir en la pizarra negra.
Más tarde al ingresar en el instituto, ya había bolígrafos. Bic cristal azul para escribir y rojo para subrayar. Pasar apuntes a limpio.
Luego apareció la máquina de escribir… taca-taca-taca…aprendí mecanografía, ciento cincuenta pulsaciones por minuto sin mirar el teclado y usando todos los dedos. En la carrera, los trabajos se pasaban a máquina a doble espacio. ¡la perfección de la escritura impresa!
Ahora ya, los ordenadores, desde los antiguos del siglo pasado, verdaderas reliquias hoy en día, hasta meternos en la era digital con los más sofisticados aparatejos del siglo XXI.
La Era de las Nuevas Tecnologías. Y sigo escribiendo.

Mari C.4

M. Carmen Martín Mendoza (marcamar)