Poesía viajera. Hierve el agua, Oax.

Antiguas miradas te dan la bienvenida, susurran despacito tu nombre y te invitan a ensanchar tu espacio. Nada es fortuito. Las nubes errantes, el cielo disperso, tu presencia ahí. Es una cita con el tiempo, desde tu nacimiento, hasta el momento de tus pisadas en tierra ancestral.

Brota el agua. Borbollones silentes y eternos. Aguas derramadas de mirada pétrea, áureas, luminosas, perennes. Agua y tierra, manantiales que surcan los inframundos para ver la luz. Aguas que tocan lo sublime, caminos esculpidos por manos divinas en juegos de niños, amontonando el verde, el ocre, los tonos de azul y blanco en un escenario diferente a cada instante.

El momento se evade. Es único.

De súbito* Susana Argueta


Si te siento, me vibras, me crepitas…

Vuelca mi deseo completo en tu cercanía… ¡abrupto!

Amor torrente, amor con sed

Implota en el encuentro,

Universo introito…

Cielos insospechados,

Uno otro, tres, ¿cuántos?

Trepidante espera

Culmina, exacerba, en ti

¿Me sospechas?

Esta espera que me impone

Se arremolina, tensiona, empecina,

Ya te quiero, ya desespero,

Respiro, retengo, aguardo,

¡Crece!

Hoy, desapareciste…

De la antología “A contraolvido, poemas para la evocación de los ausentes”. Alja, 2015.

De súbito

Náufragos

NÁUFRAGOS

NÁUFRAGOS

Náufragos,
es lo que somos,
frente a las costas del miedo,
que buscan en tierra extraña
una oportunidad en su vida,
aquella que no tuvieron.
Nos asimos a las rocas
-con manos, uñas, con dientes-
de la desesperación,
tratando de alcanzar la orilla
antes de que sople el viento
y las corrientes nos lleven
a un punto de desencuentro.
Levantamos nuestras manos
para que alguien nos vea
y nos lance un cabo de cuerda
que cambie nuestro destino,
que diga que no hemos muerto.
Polizones de la vida,
estraperlo de los años,
que tan solo somos eso,
somos náufragos,
buscadores de los sueños.