Poesía Viajera. Puerto Vallarta

Vaivén

Susana Argueta

Escucho el tiempo, silente y enmarañado entre mis cabellos. He dado vueltas sobre mí misma y la vida gira. Mis pies están cansados, pero mi alma no. Callemos. Ya no hay más que decir, ni qué pensar. Ya todo se ha vuelto nimio, pero la vida se agiganta: es el barco en el que quiero zarpar, una y otra vez, arreciar el viaje con el viento en las velas y el horizonte por frente. Es mi aventura, por fin, la que había de llegar.

El sol rescata mi piel, la vuelve morena como la voz de estruendo que me llama, me convoca a volver al puerto y respirar. Un viaje más, el cabello más largo y menos años que cumplir. Color de mis amarras a tierra que enderezan mi entuerto. Ir y venir, largar y reposar, vivir y morir, saber e ignorar.

El espejo me habla. No veo a la niña, la acuna la mujer. Hablan, se ríen. Nada se mueve, todo es tiempo inmemorial. Mi reflejo sonríe y yo, por fin, duermo en paz.

Penitencia

PENITENCIA

PENITENCIA

Se escucharán los aullidos
que al silencio de la noche
lance mi cuerpo maldito
para cumplir el castigo
que merezco por vivir,
mientras me fumo la niebla
que me recorre las venas
y la convierto en silencios
disfrazados de alaridos
que volarán con el viento
hasta que mis propios oídos
dejen de una vez por todas
de escuchar algún sonido.
Vestirán de rojo intenso
las sombras que en mi agonía
recubrirán mis costados
para que cumpla con creces
la penitencia auto impuesta
en el letargo de un día
en que me creí morir.
Saldrán todos mis fantasmas
a recrearse en la escuela,
a pasear por mis limbos
de eternas noches de alcohol
y reconoceré en mis noches
la sombra de esa gran duda
que planea por mi mente
dejando morir mi cuerpo
en un orgasmo infinito
que solo podré otorgarme yo.